Con un ademán gentil, Pablo Daniel Iturre invitó a conocer lo que él espera que en el futuro se convierta en el patio de su casa. Se definió como un antiguo vecino del barrio Luján, ofreció un mate y se largó a contar que no ve la hora de cambiar la carpa en la que viene durmiendo desde hace cinco días por una casita de material, más cómoda, segura y calentita. Del otro lado de la calle, miles de personas hacían cola para ingresar al club que lleva el mismo nombre del vecindario. Él las miraba con indiferencia y hasta quizás con un poco de ironía. "Yo no voy a ir a hacer fila para que me den un lote, si ya estoy en este terrenito. Yo quiero este", dijo sonriente, como si su exigencia fuera la más natural del mundo. En realidad, quizás en Jujuy lo sea: mientras miles de personas intentan registrarse en el plan habitacional que lanzó el Gobierno provincial y levantan algunos asentamientos, otros aseguran que no están dispuestos a irse de los predios y de las casas que tomaron.
La fisonomía de San Salvador se modificó ayer: algunos de los terrenos que se encontraban ocupados (el que está frente al Concejo Deliberante y varios de los accesos norte y sur de la ciudad, por ejemplo) amanecieron desiertos. En cambio, el Instituto de Vivienda y Urbanismo de Jujuy empezó el día rodeado por vallas y por policías, y el Instituto Provincial de Inmuebles fue desbordado por cientos de personas que se acercaron buscar formularios para inscribirse en el plan "Un lote para cada familia jujeña que lo necesite". El Gobierno lanzó esta medida para tratar de desactivar el conflicto que se inició hace más de una semana, tras el intento de desalojo que se produjo en Libertador General San Martín y que causó cuatro muertos.
Desde el viernes se están entregando los formularios en varios municipios de la provincia. En el caso de la capital, los interesados deben retirarlos en Inmuebles o en el club Luján. Ayer por la mañana, la cola en este último lugar era de cinco cuadras, tan larga como la esperanza de obtener un terreno propio que arrastraban quienes aguardaban allí desde la noche del domingo. Sin embargo, los rostros cansados de la otra vereda no conmovían a Pablo Iturre. Él y otras 16 familias se instalaron dentro de un predio alambrado que se encuentra justo frente al club; sin imaginarlo, ellos y los miles que intentaban anotarse en el plan encarnaban las contradicciones de Jujuy.
"Nosotros somos vecinos del barrio y veníamos pagando $ 1.000 de alquiler, en promedio. Nos metimos en este terreno y ahora estamos armando una carpeta para presentarla en Inmuebles. Nos dijeron que este lugar es del Estado, así que queremos que nos lo den. No nos queremos ir a otro lado y por eso tampoco nos interesa entrar en el plan del Gobierno. Acá estamos bien", afirmó mientras mostraba los formularios de "Un lote para cada familia..." que les entregaron; todos estaban en blanco.
Dentro del club, Gustavo Muro, secretario de Planificación de la Municipalidad capitalina y a cargo de la implementación del plan en la ciudad, dio algunas cifras que permiten empezar a comprender cuál es la magnitud del déficit habitacional. El funcionario explicó que, antes de que estallara el conflicto, ellos habían determinado que en la capital había 6.000 familias que vivían en asentamientos. Sin embargo, parece que se quedaron cortos: solamente el viernes entregaron 7.000 formularios a interesados obtener un lote, a los que hay que sumar los 1.400 que ese mismo día despacharon los empleados de Inmuebles.
En la vereda del club había dos grandes colas: una para retirar los formularios y otra para entregarlos ya completados. Entre los de la primera fila se notaba la ansiedad; entre los de la segunda, cansancio e incertidumbre. "Me dieron como comprobante un papelito que no dice nada. Yo no sé cómo me van a ubicar cuando esté mi lote", se preocupó Jimena Orellana mientras mostraba un tirilla blanca que llevaba impreso el logo de la Municipalidad.
"Cuando el gobernador (Walter Barrionuevo) lanzó este plan, la gente salió a tomar terrenos, porque pensó que si no estaba en un asentamiento no le iban a dar un lote. De a poco, se fueron dando cuenta de que, en realidad, el objetivo es el contrario. De todos modos, muchos de los que vienen al club todavía están en asentamientos. Los datos de las fichas que nosotros recibimos son cargados en un sistema que va a la Provincia, que es la que se encargará de ver cómo se aplica el plan", se distanció Muro (la administración municipal es radical y la provincial, peronista).
Lejos de allí, en el centro de la ciudad, cientos de personas amanecieron alrededor de las vallas que protegían el Instituto de Vivienda y Urbanismo de Jujuy. La mayoría eran aspirantes a obtener una casa. Pero mientras algunos esperaban con angustia información sobre el estado de sus trámites, otros especulaban con la posibilidad de obtener algún beneficio.
"Estoy inscripta hace cinco años, pero ahora me metí en una casa. Así que vengo a ver cuál es la mejor oferta que me hacen: si me dejan con la casa que ocupé o si me dan otra", disparó Julieta Pérez sin importarle que muchos de los que la rodeaban habían ido justamente al Instituto para denunciar que les habían ocupado las casas que ya tenían adjudicadas.
Por ejemplo, Lucía Mercado Lemoine relató que está inscripta y que espera una vivienda desde hace 20 años. "Yo ya no sé qué hacer para que me den una casa. Me habían dicho que me iban a entregar una en San Pedrito, pero las ocuparon a todas", se lamentó al borde de las lágrimas. Si bien cada vez hay menos carpas en los terrenos de la ciudad, no hay que dejarse engañar: Jujuy sigue siendo el escenario de una fractura social; Julieta y Lucía son el mejor ejemplo.